martes, 1 de marzo de 2016

UNA HISTORIA DE LA PREHISTORIA

Hola a todos.
No recuerdo cuándo empecé a escribir esta historia.
Sólo sé que empecé a escribirla hace mucho tiempo. Sin embargo, siento que va siendo hora de que la termine.
¿No os parece?
Empecé a escribirlo con la idea de convertirlo en una novela. Sin embargo, la dejé por la mitad.
Me ha quedado un relato corto y sencillo, pero pienso que es bonito y que merece la pena que vea la luz.
Si no puedo terminarlo hoy, lo dividiré en varias partes y subiré el resto todos los días hasta que lo termine.
¡Promesa!
El título no es nada original, ya que se titula Una historia de la Prehistoria. 
Deseo de corazón que os guste.
Tiene muchos fallos porque era muy cría cuando empecé a escribirlo, aunque hay cosas que he corregido.

UNA HISTORIA DE LA PREHISTORIA

                   El tiempo pasaba muy deprisa. 
                   El grupo de nómadas había llegado a aquella isla. No sabían el tiempo que iban a pasar allí. 
                   La joven hembra del grupo no se separaba en ningún momento de su madre. El jefe de la tribu la miraba con algo parecido al orgullo. Hacía poco tiempo que el cuerpo de la joven hembra había comenzado a desarrollarse. 
                   Había bastante parecido físico entre la joven hembra y el jefe de la tribu. 
                   No en vano, el jefe había tenido contactos con la madre de ella. Siempre lo hacía cuando deseaba desfogarse. Y ella siempre estaba dispuesta. 
                    Uno de los machos la observó mientras ella se estaba bañando en el río. Era un macho joven. Aquella joven hembra despertaba emociones desconocidas en él. No sabía cómo expresarlo. No podía hablar. Pero, en cambio, sí podía sentir. Y todo lo que sentía era intenso. 
                  La joven hembra se irguió. 
                  El vello de su cuerpo se erizó. Sentía que alguien le estaba mirando. Miró en todas direcciones. No había muchos animales en aquella isla. Había otras personas lavándose en aquel río que se llamaría río Támesis más adelante. 
                    La isla recibiría el nombre de Nag's Head. 
                    Era una isla pequeña. Estaba llena de árboles. 
                     Todos los miembros del clan decía que la joven hembra no era como las otras hembras de la tribu. 
                     Era muy valiente. No buscaba la protección de los machos. No le temía ni a nada ni a nadie y deseaba demostrarle a toda la tribu lo fuerte y lo valiente que era. Sabía dónde buscar comida. Sin embargo, agradecía estar en aquella isla. Buscaba la manera de comunicarse con los miembros de la tribu. 
                    Es algo raro. Pero se podía decir que aquella joven hembra era muy inteligente. 
                    Eran los primeros humanos que habían llegado a Inglaterra. Eso no lo sabían. Desde la orilla, se podía ver a otros humanos. 
                    Otros clanes que iban de un lado a otro. 
                    La joven hembra había demostrado ser muy buena en muchas cosas. 
                    Había demostrado ser muy buena a la hora de cazar. Había demostrado ser muy buena a la hora de buscar alimento. En ocasiones, las otras hembras no la entendían. Era como ellas. Pero, al mismo tiempo, era distinta a ellas. 
                    Había demostrado ser capaz de hacer fuego frotando varias ramitas. Su cabeza era un verdadero hervidero de ideas. Ideas que no sabía cómo hacer salir a flote. 
                     El clan era de Homo Heidelbergensis. 
                     La hembra era joven. 
                     Sabía lo que los machos esperaban de ella. Ser una buena madre para las crías que debía de traer al mundo. 
                     Pero la veían demasiado valiente. Demasiado fuerte...Demasiado inteligente...Ayudaba a las otras hembras. Se preocupaba por las crías. Intentaba ayudarlas en todo lo que podía. Sufría cuando algún miembro de la tribu estaba enfermo. Y sufría cuando ese miembro de la tribu moría. 
                     Se la veía siempre alegre. Había una sonrisa permanente en sus labios. Una sonrisa permanente en su mirada...
                      No sabía dónde estaban. A veces, sentía que estaban haciendo algo que no tenían ningún sentido. Su manera de ser se había forjado al calor de la vida nómada que llevaba. 
                       Por aquel entonces, el tiempo estaba muy rebelde y la tribu tenía que luchar contra el frío y los hielos perpetuos. 
                        El río Támesis estaba congelado. 
                        Habían podído llegar hasta la isla de Nag's Head andando. ¡Por encima del río! 
                        La joven hembra se sentía cansada. 
                        Cansada de ir de un lado a otro. Cansada de aquel viaje que no parecía tener nunca fin. Se retiró a la sombra de uno de los numerosos árboles que crecían en la isla. Estaba cansada. En todos los sentidos...
                        Sabía lo que era sentir el cuerpo de uno de los machos encima de ella entrando y saliendo de su cuerpo. 
                         Había otros grupos que eran iguales que ellos, pero nunca se relacionaban. O, si se relacionaban, la cosa terminaba en una pelea. No se diferenciaban en nada. 
                       Cazaban animales. Pescaban peces. Y comían los frutos silvestres que recolectaban. Y había numerosos frutos silvestres creciendo en aquella isla. 
                        Por aquel entonces, las tribus iban de un lado a otro, como aves migratorias, en busca de animales para cazar y de plantas para comer. Solían vivir en cuevas, pero también al aire libre. Nuestra joven hembra sabía lo que era vivir en una cueva. 
                       Esa noche, durmió en el suelo. O, al menos, intentó conciliar el sueño. A veces, tenía extraños sueños. Sueños que ni siquiera entendía su significado. Sólo veía a gente que vivía en un lugar. En el mismo lugar...Sin moverse de allí. 
                       Yo quiero eso. Quiero quedarme en un lugar fijo. No quiero seguir con este viaje infinito. ¿Hacia dónde vamos? No lo sé. Nadie lo sabe. Ni siquiera el jefe de nuestro clan sabe adónde vamos. Es algo que hacemos sin saber el porqué. 

                      Es distinta. 
                      El joven macho recibió una palmada en la espalda de un macho de más edad. Se había dado cuenta de lo que estaba haciendo. 
                      Se subió con agilidad a uno de los árboles. Arrancó una rama. Tenía muchas hojas. Bajó del árbol dando un ágil salto.
                      La buscó. Sabía dónde estaba. Sabía que estaba haciendo lo mismo que había hecho él. Y no se equivocó. La encontró subida a la rama de un árbol. 
-Baja. 
                     La llamó por señas. Ella estaba intentando arrancar una rama. Se detuvo al sentir que la estaban llamando. 
                     Lo vio. Estaba agitando la rama que acababa de arrancar de manera triunfal. 
                     Su gesto llamó la atención de los demás integrantes de la tribu. Su manera de cortejar a aquella hembra era bastante curiosa. El clan estaba compuesto por unos veinticinco miembros. 
                      Todos estaban unidos de algún modo. Se podía decir que todos eran parientes. La madre de aquel joven macho había nacido de la misma hembra de la que había nacido la madre de la joven hembra en la que él estaba interesado. 
                       Eran hermanas. Pero no sabían cómo definir su lazo familiar. 
-Una rama...-añadió el joven macho-Para ti...
-Rama...-dijo ella-Para mí...
                      La joven hembra lo miró extrañada. Lo que sentía por aquel joven macho era algo curioso. Se ponía muy nerviosa cuando él estaba cerca. Sin embargo, le gustaba cuando él la miraba. Su corazón latía a gran velocidad. 
                     ¿Era eso normal? 
                      Los machos de más edad se echaron a reír. Era evidente que algo raro pasaba ahí. Con aquellos dos...
                      Lo achacaron a varias cosas. Eran muy jóvenes. 
                      Ella había estado con muy pocos machos. Él, a su vez, había estado con muy pocas hembras. 
                       Todos habían tenido relaciones entre sí. No se relacionaban con nadie fuera del clan. 
-Come-le pidió el joven macho-Están muy buenas. 
                       El jefe del clan torció el gesto. 
                       No me gusta, pensó. Esto no está bien. No es lo suficientemente valiente para ella. No es lo suficientemente fuerte para ella. No sabrá cómo protegerla. No sabrá qué hacer si la ataca una fiera. No sabrá cuidar de sus crías. No sabrá hacer nada. Se merece otra clase de macho. Alguien más fuerte...
                     El joven macho ya sabía lo que era estar encima de aquella hembra descargando su deseo sexual con ella. Al contrario que le había pasado con otros machos, ella había disfrutado del peso de su cuerpo y de la invasión de su miembro en su interior. 
                      Lo deseaba. ¿Podía sentir deseo hacia aquel joven macho? Arrancó una hoja de la rama arrancada. 
-Vamos-insistió el joven macho, nervioso. 
                      Ella le dedicó una sonrisa pícara. Su estómago rugió casi con furia. Era evidente que tenía hambre. Se metió la hoja en la boca. 
                      Empezó a masticarla sin dejar de mirar al joven macho. Acabó tragándosela. 
                      La madre de la joven hembra tampoco estaba muy contenta. El hielo estaba empezando a resquebrajarse. Su hija había podido lavarse en la zona del río donde el hielo estaba ya deshecho. 
                      En unos días más, se podría pescar. De hecho, ya había varios machos que se metían en las aguas heladas a pescar. No me gusta,a pensó la madura hembra. Van a terminar enfermando. 
                       Y van a terminar muriendo. Estaba acostumbrada a esas situaciones. Pero, en el fondo, le dolían. Miró otra vez a su hija. Estaba creciendo. 
                       Mal asunto, pensó. 

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